25 abr. 2013

ZGZ Redistribuye en primera persona

Os dejamos aquí un texto que nos ha hecho llegar una persona contándonos lo que siente al hacer uso de Zaragoza Redistribuye. 
Desde aquí queremos agradecerle que se haya atrevido a poner en primera persona lo que nosotros pensamos de este programa, eso que no aparece en las estadísticas, ni en los números pero que constituye el centro de las personas.


"Jamás pensé que llegaría hasta dónde he llegado, hoy por hoy me encuentro desgraciadamente delante de la puerta de mi centro cívico, he llegado a los servicios sociales y me han enviado una carta en la que me citan para recoger una serie de alimentos que llevar a mi casa, no saben ustedes lo duro que es esto, ya desde la entrada te encuentras con voluntarios que te miran como diciendo ahí viene una más, una desgraciada, y yo... me siento la mujer mas humillada del mundo; te esperan cinco o seis voluntarios en la puerta que te ven llegar y te dicen que esperes... muestras tu carta firmas y pasas a una sala, te sacan una cesta, sin saber si es lo que necesito porque puedo ser diabética, puedo tener intolerancia a la lactosa, puedo no tomar harinas ni féculas, puede que por mi estado de salud no pueda tomar alimentos pesados que tardan mucho tiempo en hacer la digestión y por ello me producen dolor, pero sobre todo la vergüenza y humillación que siento, ni siquiera me siento persona, me siento marginada, marcada, señalada, delante de todo el mundo... te miran, te analizan... te observan... y no solo ellos... sino todos lo que se encuentran me ven llegar,
y no solo eso, la fila que hay de gente que va que ni nos miramos porque todos sentimos lo mismo, y nos sacan por otra puerta, como si todo lo que hemos sentido no valiese nada, nos sacan a escondidas... como si fuéramos escoria de la sociedad que merece unas migajas... al menos con la tarjeta que te proporcionan tengo un poco de dignidad, hago mi compra, la que verdaderamente necesito y se ajusta a mis necesidades, es intimo, personal, permite el  respeto a la persona, y le permite pasar desapercibida a la hora de ir a comprar, nadie sabe mi situación personal, es uno más que realiza la compra en el supermercado. Sabe usted señor la dignidad y el respeto esta recogido en la constitución, la igualdad de condiciones, póngase en mi situación, pase usted con tres litros de leche a la semana, una bolsa de patatas, un pan de molde brioche, cuatro latas de sardinas, y un paquete de pasta y arroz para comer tres personas, pase usted sin otros ingresos que el de inserción y pague, gastos, luz, agua, gas, teléfono, gastos de comunidad, y coma, vista a su familia, la calce, y le de una educación digna, porque le aseguro que con eso no se puede ni vivir ni, dar una estabilidad emocional, no se puede ir al dentista porque no se tiene dinero para pagarlo, no tenemos derecho a poder comer porque nos faltan dientes , ni derecho a un trabajo porque la sonrisa es también nuestra carta de presentación, se pierden ,los dientes, y eso que en la constitución tenemos derecho a una sanidad igual para todos, pero no la tenemos, a una vivienda digna que tampoco tenemos, a cubrir las necesidades básicas para tener una vida digna y, un respeto por uno mismo, yo hoy por hoy ni me siento persona, ni me siento útil, ni me siento orgullosa como madre porque no puedo dar a mis hijos lo que necesitan, p6ngase en mi lugar, y es bien fácil, viva como vivo yo y compruebe las carencias y necesidades que tengo, haga la prueba, verá que pronto echa mano de su cartera y de cuenta del banco cosa que nosotros no podemos; por ello le pido que quite esta miseria, de hacernos pasar por un corredor como si fuéramos mendigos, nos haga al menos respetables y que se nos respete como personas, y para serle sincera, la ayuda de alimentos se queda corta, muy corta, pero si usted hace la prueba se dará cuenta que  pido con razón, yo necesito el respeto, el anonimato, el no ser señalada, el no verme ni sentirme humillada y ultrajada en mi interior, yo quiero y necesito ser persona."


Zaragoza, abril de 2013.
M.J.C.G.